Desde que en 1877 Tomás A. Edison inventara el fonógrafo, tuvieron que pasar más de cien años para cambiar la tecnología. Efectivamente, los vinilos utilizaban el mismo principio de grabación analógica que el cilindro de cera de Edison. La tecnología analógica pasó de la baquelita al vinilo, de 78 revoluciones por minuto a 45 y 33 1/3, el microsurco, la "alta fidelidad" (Hi-Fi) y del monoaural al estereofónico.
En los años 60 se popularizó el formato de cinta magnética: carrete abierto, cartuchos de ocho pistas y el gran ganador, el casete. Todos ellos grababan magnéticamente la misma señal analógica de los discos.
Hasta que en 1982 Philips y Sony lanzan el "compact disc" (CD) no entra en circulación la tecnología digital.
¿Cuáles son los pros y los contras? El problema del vinilo es claramente su deterioro. A las pocas audiciones ya empezamos a notar el chisporroteo (tipo huevo frito) tan característico. Y lo peor es que cada vez que lo ponemos, un poco más lo estropeamos. Diríamos que su uso es autodestructivo. (La aguja erosiona el soporte)
Con las cintas eso no pasa... tanto. El polvo o la propia cinta pueden ensuciar el cabezal, pero éste se limpia y adelante. No se produce el ruido del vinilo, pero a la larga, la cinta tiende a desmagnetizarse. Otra es la calidad: un vinilo es capaz de reproducir correctamente un rango de frecuencias que va desde los 20 a los 20.000 hertzios (lo que se viene llamando alta fidelidad, high fidelity o Hi-Fi). La cinta de casete llega tan sólo a los 16 o 17.000 Hz., dependiendo del material magnético. Por eso, la copia en cinta no supuso un gran peligro para la industria del vinilo.
El Disco Compacto introduce la alta tecnología en la grabación de sonido. Primero, el soporte es más robusto, no se deteriora (apreciablemente) con el uso. Y, por otra parte, al ser digital, el tratamiento de la señal permite eliminar el ruido espúreo. Adiós al huevo frito, y no se borra con un imán como las cintas. (además es más pequeño, puede saltar directamente a una canción, programar el orden de canciones etc.)
Los puristas dicen que lo analógico es superior (¡falso!), porque es más ¿real?. La medida de la calidad en la reconstrucción de la señal analógica a partir de su imagen digital se identifica por varios parámetros. Los principales son: la frecuencia de muestreo y el número de bits por muestra. Es decir, vamos a medir la señal y pasarla a números; pues antes de nada decidamos cada cuánto medimos y con qué precisión lo hacemos. Muchas veces por segundo y con una regla muy fina, para acercarnos lo más posible a la señal original. Nos quedará una imagen "escalonada" que será más fiel cuanto más diminutos sean los escalones. Al fin y al cabo, también la televisión (y el cine) son puntitos; sólo que si son pequeños y los vemos de lejos, el ojo no los diferencia (por cierto, la retina también funciona por puntitos... pero de eso ya hablaremos otro día).
La anchura del escalón la marca la frecuencia de muestreo, que según la formula de Nyquist ha de ser doble del ancho de banda a digitalizar: para hi-fi mínimo 40.000 muestras por segundo.
La altura del escalón la marca el número de bits por muestra. Para una relación señal/ruido-de-cuantificación de calidad (unos 96 decibelios) se necesitan 16 bits. Esto permite 65636 valores diferentes de amplitud de señal, o lo que es lo mismo, variaciones de menos del 0,002%. En un amplificador de 50W de salida ¿somos capaces de distinguir una variación de 1 milivatio (0,001W)?
Así, la información ocupa mucho espacio. Una canción de tres minutos (3 x 60 = 180 segundos) a 44.000 muestras de 2 bytes (16bits = 2 bytes) por segundo, son (a ver... 180 x 44.000 x 2... y me llevo una... esto... 15.840.000) algo más de 15 megas. Si, además, lo queremos en estéreo (dos canales, el doble) eso significa que necesitamos más de diez megas por minuto. Vale, en un CD me caben seiscientos y pico megas, luego una hora de música.
Y aquí es donde llega la informática y los ordenadores y nos traen la compresión de archivos. MP3.
El Motion Pictures Expert Group es un grupo de sabios, expertos en tratamiento de señales de vídeo y audio. Estos chicos desarrollaron una serie de estándares (MPEG 1, 2 y 3, por ahora) para la compresión de vídeo y audio, de forma que sea más manejable. El nivel 3 de MPEG-1 es el que trata de la compresión de audio, vulgarmente llamado MP3.
El truco consiste en codificar la señal de forma inteligente: no grabar aquello que no vamos a oir. Existen unos patrones que indican que el oído humano no oye ciertas frecuencias cuando otras cercanas pasan de un determinado volumen. Es un efecto de enmascaramiento. Como cuando en una discoteca no oyes el móvil. Estudiando la señal, se determina qué parte de ésta se puede eliminar sin que nadie se dé cuenta. Se trata, pues, de una codificación con pérdida de información. Esto se puede variar para que se desprecie más o menos información, comprimiendo de igual forma más o menos el archivo resultante. En los programas de codificación para ordenador, esto se mide en kilobits por segundo (kbps), cuantos más mejor.
Ejemplo, una canción de 2 minutos ocupa unos 24 megas en "crudo". En MP3 de máxima calidad, 320kbps, ocupa unos 5 megas. En calidad estándar internet (para que tu la bajes, 128kbps) sólo 2 (dos) megas: un diez por ciento del original. Para escucharlo andando por la calle (tráfico, gente) en unos auriculares pequeños (discretos, baratos), la calidad es más que suficiente. En el mismo CD te caben 12 CDs.

